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'Blue Velvet' (1986)

Enviado por Sebastián Chávez Peña el 17/08/2007 a las 2:43

2493043692_81c7fce0ac_m.jpgReferirme a una de esas películas que consideras un verdadero clásico del cine, es siempre una tarea difícil de emprender. hablar sobre el cine de David Lynch es aun más complicado, pues no es tarea fácil describir como funciona armoniosamente toda esa locura surrealista con esa placidez y precisión cinematográfica.

‘Blue Velvet’ de 1986, es una de esas joyas que salen sólo de vez en vez, y que cuando tenemos el placer de pillarlas, es nuestra obligación disfrutarlas al máximo, embriagarnos de ellas.

La confabulada trama es redonda e intrigante, digna del mejor suspense que define el cine de décadas pasadas. Lynch mezcla drama y romance en un misterio disfrazado y desvelado con las telas que viste la oscura vida del ciudadano promedio americano, ya que como es de costumbre, siempre se pinta como sinónimo de perfección, cuestión que no es ni remotamente cierta, y tanto en esta película como en muchas más del mismo género, como ‘American Beauty’ por nombrar la primera que se me viene a la mente, siempre son reveladas las verdades que ocultan con recelo los pensamientos más siniestros y los secretos más descabellados.

Jeffrey Beaumont, el personaje interpretado por Kyle MacLachlan, se introduce en un mundo peligroso de insidioso misterio sólo por curiosidad. Ser un detective casual siempre es tema muy sugestivo desde un inquieto punto de vista. Saber la verdad por sobre la ley conlleva problemas, que son recompensados con la verdad en su estado puro.

Jeffrey, tras visitar a su padre en el hospital, se encuentra con una oreja humana ensangrentada en el camino. Impactado, decide recogerla y visitar al detective John Williams (George Dickerson) para que este se hiciera cargo. El detective Williams le informa a Jeffrey que el tema es sumamente delicado, y que por favor dejara el asunto en manos de la policía y no comentara a nadie sobre lo ocurrido. Obviamente, el impaciente Jeffrey no se queda tranquilo, y decide averiguar por cuenta propia sobre este extraño hallazgo.

En su intento por llegar más y más lejos, Jeffrey recibe la ayuda de Sandy (Laura Dern), la hija del detective Williams. Y la búsqueda da frutos, pues entre otras cosas, Jeffrey descubre la tragedia de la cantante Dorothy Vallens (Isabella Rossellini), quién sufre de un chantaje familiar a cambio de actos sadomasoquistas y sexualmente brutales. El responsable de todo esto es Frank Booth (con un increíble Dennis Hopper), un vil drogadicto más de las penumbras que reposan en la oscuridad del aparentemente apacible pueblo donde reside las historia. Con esto, Jeffrey y Sandy se ven envueltos en un maligno y recóndito escenario de personajes siniestros, ya que son los descabellados eventos los que simbolizan los pensamientos más perturbadores de la raza humana.

Es cierto que Lynch a veces abusa de su supuesto surrealismo implantado, ese que generalmente es bastante difícil de explicar de una sola vez. Sin embargo, en ‘Terciopelo Azul’, el cineasta utiliza elementos netamente racionales que otorgan cierto equilibrio a la obra, pues tenemos varios tópicos que resultan bien interesantes de analizar fuera de la depravación de los antagonistas. Por ejemplo, me impresiona la naturaleza que rodea a Kyle MacLachlan y Laura Dern en sus papeles como desazonados adolescentes en busca de la verdad por placer, lo que los une de manera espontánea en un dramático romance cautivador y hasta emocionante –debo admitir que la hermosa escena del baile, con el beso como broche de oro me ha tocado el corazón-.

Dentro de este cuento urbano, podemos hallar tamañas filosofías sobre el bien y el mal, que si bien, en su conclusión final podríamos reparar que sólo se trata de otra muestra más de lo mala que puede ser la gente y de las cosas que uno debería y no debería hacer (simples tópicos usados hasta el cansancio en el cine), la manera en que el director pone las cartas sobre la mesa, transforma el común planteamiento en una dosis de extremo suspenso, donde se le da más importancia a la ambientación de las escenas, a la fuerte influencia de los personajes sobre el peso psicológico de la cinta, y no a los motivos que la conforman en sí.

Otro punto que llama la atención, y bastante, es la manera en que David Lynch juega con el tiempo. Y no me refiero a viajes al futuro o algo parecido, si no a la ambientación que predispone para contarnos la historia. Claramente los hechos suceden en los años 60’s (o a fines de los 50’s), suposición más que asegurada por la vestimenta, los vehículos, la radio que suena de fondo, y por sobre todo la excelente música oldie but goldie, junto a las panorámicas tomas al comienzo de la película, cuando nos muestran un sinónimo de perfección muy bien retratado con esos carteles de art pop o los bomberos, que pasan frente a la cámara en el carro de bomba saludándonos, con sus brillantes trajes y sus sonrisas perfectas, como diciendo: Aquí nunca pasa nada malo. Aparte de que con esto, el realizador ya nos incrusta el concepto de una idílica ciudad perfecta en una armonía envidiable, claramente nos damos cuenta de que se trata de esa percepción norteamericana post II guerra mundial; triunfadora, orgullosa de sus logros; o sea, no hay por donde perderse… los años 60’s.

Pero luego, cuando la película desecha la carcasa de “existe una vida perfecta”, y nos presenta a este miserable victimario (Frank) y a esta desgraciada mártir (Dorothy), nos desconcertamos al percatarnos sobre la influencia que implementa Lynch en los pandilleros secundarios, ya que es más que obvio la presencia de los 80’s en sus vestimentas, en su actitud de rebelde, en el cabello de las chicas, etc. ¿Error secuencial? ¿De vestuario? ¡Pamplinas! Es otra artimaña de este gran realizador para desordenar el rompecabezas que el espectador va tejiendo desde el primero minuto del film.

Claro que no todo es perfecto. Hay escenas que están filmadas de manera ridícula. Así es noten por ejemplo, la toma en que Jeffrey y Dorothy estan haciendo el amor. Considerando la temática en la que se introduce el realizador, podríamos haber obtenido mucho más. Expresiones en los rostros, reflejos en las miradas. Los golpes físicos podrían haber sido filmados de manera más artística o misteriosa. Algo más provocador e interpretativo, dejar pendientes ciertos detalles y echaros a la suerte del que está mirando la película, dejar que fluya su imaginación, tomando en cuenta la virtuosidad (con excepciones, obviamente) que posee David Lynch para hacer estas cosas. En cambio, nos entrega una borrosa visión que ensucia lo pulcro de las escenas y la perfección de las demás escenas (no todas), en su intento por no parecer muy obsceno (me imagino) en el acto sexual. De todas formas no creo que sea eso, ya que los versos que recita Dennis Hopper son de las mil putas desquiciadas maravillas. Así como estas torpes escenas, también hago hincapié en la leve laguna que se sumerge film, pasado los 50 min. Pero no os preocupéis, que después de esto la película se pone de pié y se torna alucinante.

Y ya que me he referido a Hopper, es mi deber destacar su presencia en este film, cuya antipatía y el poderío que proporciona su representación del mal como el asmático Frank, forman parte de, lejos, la mejor performance del film. Todas esas características tan extravagantes sólo se le podían atribuir a las exuberantes definiciones sobre personajes que Lynch transcribe del papel al lente, pero no hay mejor proeza que plasmar en una magna actuación, lo que a un escritor de bizarros guiones se le ocurre. Otra que reaparece en su esplendor es Isabella Rossellini, haciendo de una dolida Dorothy Vallens. Tanto su talentosa voz, como su desgarradora y triste mirada, o la sádica decadencia en la que se encuentra presa bajo las coacciones de Frank, son reflejo de una mujer pálida, perdida, frágil e inconciente de la gravedad tras los hechos. Obviamente, interpretada de una manera certera por esta gran actriz, Isabella Rossellini. Los demás actores están más que bien en sus papeles. No resaltan porque no lo deberían hacer. Me explico:

La idea de David Lynch era enfatizar en lo que estaba oculto. Resaltar lo impuro por sobre la perfección. Tomamos una caja de chocolates y vemos muchos bombones rellenos de manjar, muy ricos y deliciosos a primera vista. Pero que pasa si, a segunda vista, reparamos en que dentro de la caja hay un asqueroso gusano paseándose por sobre todos los chocolates, ¿A qué le damos más importancia? Es sólo lógica, aplicada con ciertas dosis de experimentación fílmica, pero es sólo lógica. Lo que hace Lynch es echarle una segunda mirada a la primera impresión que tuvimos en la introducción de la película. Y no sólo podemos aplicar este efecto en el resultado completo de la cinta, si no que además podríamos tomar una sola escena que resuma mi teoría: aquella cuando Jeffrey camina por el apartado de césped, un terreno a simple vista común y corriente, típico escenario norteamericano. Pasa por el lugar y aunque se detiene, no ve nada extraño, nada anormal; esa es la “primera vista”. La “segunda vista”, que es cuando vuelve de ver a su padre hospitalizado, aparece cuando Jeffrey se inclina a coger una piedra para lanzarla a una botella del lugar, de esa forma descubre la famosa oreja que da el puntapié al enigma; claramente, esta sería la “segunda vista”, la más íntegra y la que esconde la verdadera identidad de lo que se está analizando.

Para rematar todo de manera precisa, no podía ser mejor volver a retomar el ideal de la ciudad sin defectos. Acá Lynch nos enfoca a la familia principal, en una plena felicidad que, por lo menos yo no esperaba, a pesar de que, después de revisar las escenas anteriores, es decir, la etapa pre final, me doy cuenta de que así todo lo indicaba. Ocurre que Lynch nos engaña una y otra vez. A veces su películas enteras son un engaño, otras contiene escenas engañosas, pero el resto no es nada y todo al mismo tiempo. Pero yo me quedo con estas, las que mezclan suspenso de una forma envidiablemente inteligente y diabólicamente desquiciada, sin perder la elegancia ni la paciencia de los irreales desenlaces. Todas esas películas hacen una sola, no hay trabajo de Lynch que supere a ‘Blue Velvet’, porque esta cinta es el nirvana de su ingenio y su mayor logro como cineasta de categoría, como lo es gran David Lynch.





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