
Sinopsis: Todo lo que tiene un comienzo tiene un final. Neo ha agotado su poder y está a a la deriva en una tierra de nadie. Mientras Trinity vela el cuerpo comatoso de Neo, Morfeo se enfrenta a la revelación de que el Elegido, en el que ha invertido toda una vida de fe, no es más que otro sistema de control inventado por los arquitectos de Matrix. La guerra épica entre el hombre y la máquina alcanza un tremendo clímax cuando el ejército de Zion lucha desesperadamente para contener la invasión de los Centinelas. Pero un elemento desconocido envenena las filas desde dentro: el descontrolado programa Smith ha secuestrado astutamente a Bane, un miembro de la flota. Smith, que se hace más poderoso a cada segundo que pasa, está más allá incluso del control de las Máquinas y ahora amenaza con destruir su imperio junto con el mundo real y Matrix. Con la ayuda de Niobe, Neo y Trinity deciden viajar más lejos de lo que cualquier humano se haya atrevido a ir, un peligroso viaje al exterior, a través de la abrasada superficie de la tierra y hacia el corazón de la amenazadora Ciudad de las Máquinas. En esta enorme y mecanizada metrópolis, Neo se encuentra cara a cara con el máximo poder del mundo de las Máquinas –el Deus Ex Machina– y llega a un acuerdo que es la única esperanza para un mundo agonizante. La guerra acabará esta noche, con el destino de Neo y el sino de dos civilizaciones inexorablemente unidos al resultado de esta catastrófica confrontación con Smith.
Comentario: Me la he pasado de lo lindo viendo ‘Matrix
Revoluciones’, la tercera y última entrega de la trilogía Matrix. Es
increíble que haya gente que la tache de inservible, o argumente con
desfachatez que se trata de un bodrio cinematográfico gigantesco,
cuando la película está muy por encima de aquel denigrante
calificativo. Supera con creces a la decepcionante ‘Matrix Recargado’ (2003), y aunque no está a la altura de la apabullante ‘Matrix’ (1999),
concluye de forma más o menos satisfactoria una compleja enredadera de
cuestionamientos que parecía imposible de resolver de forma coherente.
Y
aunque la coherencia precisamente esté fuera de foco en ciertos
engranajes de la trama, el esfuerzo por mantener un digno nivel
narrativo de los hermanos Wachowski se nota, y sin embargo el problema
es por parte del insípido elenco que lo conforma. Ya no nos
encontraremos con el mismo Neo vigoroso de la primera entrega de esta
trilogía, puesto que el papel de Keanu Reeves está protagonizado de
forma atrozmente lamentable, y esto arruina bastante las expectativas
del desenlace, pues en él están depositadas todas las esperanzas para
que la guerra entre las máquinas y los humanos acabe de una vez.
A
Trinity (Carrie-Anne Moss) ya no se le ve esa magia y vigor que la
caracterizaron en las primeras entregas, aunque no lo hace tan malo
como Reeves, quien lo hace igual de mal que Morfeo (Laurence
Fishburne), otro que languideció enormemente su interpretación. Los
demás personajes están muy desaprovechados, y en algunas ocasiones
desproporcionada y faliblemente sobreexpuestos, pero esto se súper
entiende por la duración del metraje, claro. El que está más increíble
que nunca es el magnífico Agente Smith (Hugo Weaving), el personaje más
consciente de su relevante papel en la trama, el único al parecer que
se toma en serio la situación de la historia, y el único en el que
podemos notar el peso de la misma.
En el comienzo de la historia
de Matrix, se dejan tantas interesantes preguntas de indudable valor
existencial abiertas, que quizás la gente esperó una respuesta para
cada una de ellas en esta parte final de la saga. El asunto es que, el
hecho de que la primera parte sea superior a la tercera, consta de esto
mismo, una perfecta y contundente dosis de interrogantes que abrieran
el apetito mental de los más curiosos. La idea era cerrar el ciclo,
pero claro, para lograrlo había que correr el riesgo de no aburrir a la
audiencia, de mantener los niveles de acción equilibrados con los de
argumentos, y que ambos fueran conexos y formasen una armoniosa
historia de Sci-fi hecha y derecha. Si bien, el resultado de ‘Matrix
Revoluciones’ no es tan majestuoso como se esperaba, logra cerrar sin
lujos, pero con orgullo una trilogía que quedará registrada en la
historia del cine como una de las más innovadoras, sugestivas y
refrescantes de todos los tiempos.
Cuando uno ve una
película de Matrix tiende a analizar las escenas de acción y efectos
especiales con suma importancia, que son siempre despampanantes y nos
dejan boquiabiertos. Bueno, si en las dos primeras entregas podíamos
ver una efectiva evolución en el apartado visual, en esta última parte
los efectos especiales son… sencillamente… ¡ALUCINANTES! La batalla de
resistencia en Zion es para no pestañear, de las mejores que se ha
visto en la historia del cine. A la altura de los macro enfrentamientos
épicos de ‘El señor de los anillos’, filmados y trazados con un
soberbio talento por parte de los Wachowski, la fotografía de Bill Pope
y la edición de Zach Staenberg. Y qué decir de aquella gloriosa escena
en la cual Neo se encuentra con el terrorífico cerebro de la Matrix, o
cuando se manda la pelea del siglo mano a mano con el señor Smith,
lloviendo a torrenciales, golpeándose con una fuerza descomunal y
explotando vidrios de inmensos edificios abandonados… uf! Todo esto es
un festín visual imposible de describir con palabras.
Haber
revisado esta trilogía con calma y de forma deliberada me ha abierto
mucho la mente con respecto al cine de ciencia ficción contemporáneo.
El fenómeno Matrix es fascinante, es un mundo nuevo en el que te
sumerges hasta lo profundo. Un maravilloso viaje donde en la oscuridad
del fin del mundo siempre hay una luz de esperanza que crece gracias a
la fe de sus personajes, tan entrañables que te compenetras
poderosamente con ellos sin darte ni cuenta. Un éxodo cuasi homérico de
una realidad no muy lejana, que nos involucra en nuestro tiempo, y con
elementos de nuestro siglo. Después de ver estos tres geniales
episodios, cabe preguntarse: en un futuro próximo… ¿Será así la lucha
entre la humanidad y la tecnología?


















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