

John Patrick Shanley es principalmente un guionista del método clásico. Su primera película tras las cámaras fue ‘Joe contra el volcán’ (1990), una comedia romántica –escrita por él mismo, obviamente- que contaba con la participación de Tom Hanks y Meg Ryan, y que significó todo un acierto en taquilla. 18 años después, Shanley decide volver a dirigir, esta vez adaptando su propia obra teatral: ‘La duda’. Se trata de una película intensa, sutilmente macabra y elegantemente fría, resguardando, por cierto, un elenco abrumadoramente estupendo. (Leer más)


Richard Linklater es un realizador al cual yo aprecio bastante, básicamente por hacer películas tan innovadoras y con un inconfundible sello de autor, resaltando del montón de homogéneos cineastas hollywoodenses, presentándonos siempre algo refrescante y diferente para saborear. En el 2001, justo en el mismo año que había editado su experimental y fabulosa cinta existencial ‘Waking Life’ (‘Despertando a la vida’), Linklater se adentraba en el interesante libreto teatral del escritor Stephen Belber, y con la ayuda de este último (creador del guión, además) daba forma a ‘Tape’, una película que se basa en diálogo, palabras que se funden entre la cordialidad y las más oscuras sensaciones humanas, como un in crescendo similar al de las composiciones de Beethoven. La película se vuelve interesante a cada minuto, y la vertiginosa fotografía de Maryse Alberti provoca una sensación de desasosiego que, sin evocar otra imagen más que el de las cuatro paredes de un cuarto de hospedaje, complementa la versatilidad de los únicos tres (grandes) actores que se dan cita en aquella habitación, ambientada de una tonalidad tan misteriosa como los diálogos mismos. El extraño comportamiento de Vince (Ethan Hawke), la compleja y medrosa mirada de Jon Salter (Robert Sean Leonard), y por supuesto, la elegante y categórica aparición de Amy Randall (interpretada por una fantástica Uma Thurman en pleno estado de gracia), convierten a este film en un imprescindible ejercicio de tensión y la redención de un pasado oscuro que logra inquietar y mantenerte expectante frente a cada escena. Todo puede pasar.


He aquí otra de esas películas para liberar tensiones, relajarse, olvidarse de todo y sólo disfrutar. ‘Yes Man’ es una comedia ligera, divertida y amena, encabezada por el gran comediante Jim Carrey y la hermosísima Zooey Deschanel. El primero está bastante bien, con ese particular desfile de disparatadas muecas que inevitablemente roba más de alguna sonrisa, aunque no es su más hilarante interpretación, por supuesto. Zooey, se muestra como es, muy espontánea y natural; tengo la sensación de que esta guapísima chica es así también en la vida real, es decir, con ese aspecto desganado y casi somnoliento que la caracteriza, cualidad que en lo personal la hace ver más atractiva (aunque de alguna manera suene paradójico, ¿o no?). A pesar de que esta comedia a grandes rasgos no levanta carcajadas desmedidas, tiene momentos brillantes, especialmente aquellas escenas donde Carrey y el hilarante Rhys Darby (Norman en la película) hacen de las suyas. La premisa de la película es buenísima, y hasta casi existencial: decir que sí a todo puede cambiarnos la vida. Una interesante propuesta es la que los guionistas ingenian, ofreciendo una alternativa a la negatividad en la que caemos de vez en cuando, y que gracias a una mirada más positiva podemos revertir y así cambiar el funesto curso de nuestras vidas. A raíz del argumento inicial, existe una conexión inmediata con el espectador, por lo que su visionado no tiene desperdicio, al menos para pasar un rato entretenido y des-estresarnos.


El maestro lo logra otra vez. Clint Eastwood, a sus 79 años, da vida a una película fantástica, de esas que son dignas de cualquier tipo de elogio desmesurado. El cine es una expresión cultural maravillosa, especialmente cuando directores como el que hoy nos ocupa se dedican a ello. ‘Gran Torino’ es séptimo arte en esencia, donde un Eastwood casi eterno frunce el ceño y con ello nos cuenta toda una historia repleta de sensaciones y emociones, tan verdaderas como la vida misma. Sin exagerar, pienso que al pasar el tiempo, el maestro ha desarrollado una increíble capacidad de interpretación que sólo los monstruos de la edad de oro del cine pueden igualar. Por otra parte, con el mismo catálogo de conceptos el maestro escoge a sus personajes y los baña de una condición humana, aquella que sólo él puede regalar a través de su soberbio ojo fílmico. Es así como ‘Gran Torino’ se rige bajo un extenso análisis de sus personajes principales (a pesar de la aparente sencillez de la trama). Pero todo esto lo realiza bajo un tono más visual, donde la expresión de Eastwood vale por el film completo. De todas formas el elenco no se queda atrás, las actuaciones del joven Bee Vang (Thao en la cinta) y de la excepcional –y debutante, más encima- Ahney Her (Sue) son secundarios que mantienen a nivel las proporciones de este gran film. El viejo Clint es un ser humano sabio, que pareciera estar interpretándose a sí mismo en cada una de sus películas, todas con múltiples facetas, pero siempre sin perder el sello característico; sin embargo, y a pesar de que el tema principal en el cuál se basa la trama -escrita por el guionista Nick Schenk- al esbozarse el guión, es más bien un tema de una espesura innegable, donde todo inexorablemente se torna fuliginoso, Eastwood opta por desarrollar un humor negro e irónico, otorgando al producto final más dinamismo y riqueza. En definitiva, otro trabajo imperdible del maestro, y probablemente una de las películas más dolorosamente olvidadas en la reciente entrega de los premios de la Academia.


Lo que hace Ari Folman es contar una historia real, crear un documental, pero con animación. Y uno se pregunta: ¿para qué? ¿Para qué evitar la realidad si es con ella con la que más se llega a la gente? Es la realidad la que logra impactar; obliga verdaderamente a tomar consciencia. Entonces, ¿para qué? La respuesta es brillante: Folman decide contar la historia -tal como es-, desde una perspectiva diferente, bajo una representación completamente subjetiva, y con toda la metáfora y poesía que ello conlleva. Para conseguirlo, Folman se basa en la animación, y con ello logra evocar paisajes maravillosos, todos extraídos de una vaga memoria que dibuja sutilmente una tragedia que nadie quiere recordar. ‘Waltz with Bashir’ es una película de animación/documental sobrecogedora, que raya los límites del surrealismo, pero que se desarrolla a través de un contexto dolorosamente real, donde el protagonista lucha contra su pasado replanteándose momentos de su vida automáticamente borrados por una guerra desoladora. Momentos como la alucinación de un soldado antes de entrar en combate -quien por el ímpetu de una situación sin salida, ilusiona la imagen de una mujer gigante nadando en pleno mar abierto-, para mí, son verdaderas obras de arte que, con personas reales jamás podrían haber sido contadas de la misma forma, y este es el principal logro de esta grandioso film. Por otra parte, una excelsa banda sonora por parte de Marx Richter dota de gloria a los amargos pasajes del conflicto palestino- israelí, donde todo es agridulce, visualmente maravilloso y contextualmente fatídico. ¡OJO! Cuidado con el final, un impensable golpe director al alma.


Aburrida y mediocre. Creo que de este grupito de artistas, liderados claramente por Judd Apatow, se ha visto muy buen material últimamente, es decir, cada vez que sabemos en qué están trabajando, Seth Rogen, Paul Rudd, Jonah Hill y tantos otros, sabemos que tenemos diversión inmediata. Y digo diversión, porque este tipo de cine, como deben saber, no apunta a nada más que eso, un buen rato frente a la pantalla, pero cuando nos encontramos con películas como ‘Pineaple Express’ la cosa cambia. Frente a la comedia independiente de la pandilla Apatow, uno apela únicamente a pasarlo bien de comienzo a fin, sin embargo, cuando esto ocurre de forma endeble e intermitente, la decepción es mayor. Ahora bien, para mí gusto la decepción es doble, porque además de estrenar un tráiler que pintaba de maravillas, David Gordon Green era un director al cual yo tenía en un altar. Personalmente me gustaba mucho su manera de entender el cine: ‘George Washington’ (2000), cruda, aunque demasiado latosa, tenía unas buenas e innovadoras intenciones, y esa maravillosa historia de amor de ‘All the Real Girls’ (2003) me cautivó por completo, por nombrar algunas de sus películas. Pero ahora Gordon Green hace comedias, y más encima malas. ¡Qué mal! Es una verdadera lata. Lo único que salva del film es la desternillante interpretación de James Franco como Saul, su relación con la marihuana es casi romántica; Franco está mucho mejor que Seth Rogen, actor que en otras ocasiones se luce, y que acá está muy flojo. El principal problema de ‘Pineaple Express’ es la ridícula trama, que a pesar de sostener una idea no tan seria y más bien relajada, que es el fin de la película en sí, su disposición es tan insostenible (¿cuánto se habrán demorado Evan Goldberg, Seth Rogen y Judd Apatow en haber pensado y escrito el guión?) que termina por arruinar a mitad de camino una película que no hay por dónde agarrarla. Lo siento, no es lo suficientemente entretenida como para perdonarle la vida. Aunque te rías como loco unas tres o cuatro veces en todo el metraje.


En ‘Revolutionary Road’, todo ocurre tan plásticamente que incluso uno se llega a sentir frustrado. Leonardo DiCaprio y Kate Winslet están FENOMENALES, es cierto, pero el ritmo de este film se ve entorpecido y hasta en cierto punto forzado (y al mismo tiempo, fíjese, pareciera que los actores están con un pie dentro y el otro fuera de la trama), dando la sensación de que todo lo que estamos viendo no deja de ser ficción. Y eso es justamente lo que esperaba NO ver en una película de Sam Mendes, un director al cual valoro bastante por haber filmado esa gran película llamada ‘Belleza americana’ (1999), un trabajo excepcional que a pesar de caricaturizar escenas y personajes a diesta y siniestra, no deja de parecernos tan real como la vida misma. En esta ocasión, Mendes opta por una visión más cruda y oscura de la perfecta-familia-americana-promedio, dejando de lado la sátira que engrandeció su trabajo con Kevin Spacey, y retratando fina y al mismo tiempo salvajementemente a una soñadora pareja en una constante lucha con sus deseos de vida y la realidad que comparten. (Leer más)


En este documental, podemos apreciar el lado más humano de los videos juegos, donde la rivalidad alcanza límites casi irrisorios, pero definitivamente reales e interesantes de analizar. Porque la vida es una competencia, y si se trata de adultos que optan por los videojuegos como filosofía de vida, la cosa es aun más candente. Steve Wiebe y Billy Mitchell son dos hombres de familia muy diferentes que se asemejan sólo en una cosa, la ambición por tratar de lograr el mejor puntaje a nivel mundial en el prehistórico juego de arcadia “Donkey Kong”. El pelmazo de Billy Mitchell es un petulante y engreído personaje al cual inmediatamente ubicaremos como el antagonista de esta trama, mientras que el perseverante y luchador Steve Wiebe, junto a su cariosa familia, será el héroe indiscutido de esta aventura que convoca a personajes tan memorables, como al extravagante y al mismo tiempo fascinante Walter Day, embajador de esta legión de de amantes a los videogames sin edad ni tiempo. El trabajo de Seth Gordon es impecable, está contado de una manera muy divertida, haciendo uso de una edición notable y de una crasa pesquisa sobre el mundo de los videojuegos que serviría muy bien para explicar además cómo viven el presente los que adoran culturas pasadas.


Para la mayoría de los españoles, ‘Vicky Cristina Barcelona’ es una deshonra o un chiste de mal gusto. La bohemia, el arte, el sexo, e incluso los diálogos (uno de las cualidades primordiales de Woody Allen), según los ibéricos, son elementos que se basan en tópicos cliché caricaturizados a más no poder. Por lo que he leído, en el viejo continente se comenta que nunca antes una película de un director tan respetado e innovador como lo es Woody Allen había sido tan mala como esta. Bien. Es una opinión válida. Sí, porque es verdad que el argumento se torna un poco inconsistente, ya que al abordar tantas ocurrencias “casuales”, dejando en manos del supuesto destino una trama más bien forzada. Los personajes, bajo estas circunstancias, en determinados momentos se quedan flotando en una interpretación que ni esfuerzo otorga (a excepción de la salvajemente encantadora Penélope Cruz) para forjar un poco de credibilidad a lo que nos plantea Allen. Pues bien, en eso puede que tengan razón. Sin embargo, como yo no vivo allá, para mí esos paisajes y toda esa onda romántica-artística-, aun siendo melosamente ilusoria, ha llamado mi atención profundamente. Mientras la gloriosa guitarra acústica de Paco de Lucía suena de fondo, contemplamos –casi entre líneas- el placer que produce en los personajes determinar cuán efímero es el amor y cuán poderoso es el deseo. Lo más grato de todo es que, con el pasar del tiempo, Woody ha sabido mantener sus características cinematográficas intactas, y aunque en otras ocasiones ha tenido mejores resultados, ‘Vicky Cristina Barcelona’ es una vuelta de tuerca a sus cintas más gloriosas, con el atrapante y famoso factor del: “¿qué va a ocurrir después?”, sosteniendo un producto que, pensaba, podría haber sido una obra maestra. Claramente no lo es, pero vale la pena mirarla, aunque sea para ver a Scarlett Johansson y a la Cruz “juntas”.
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